Yo regalo, tú descambias

descambiar regalos de reyes

8 de enero. Día de la vuelta a la rutina, del susto de la báscula, de reiniciarse en el gimnasio… y de hacer cola en los centros comerciales para deshacer los malentendidos de los regalos de Reyes. Es día de cambiar… ¿o de descambiar?

El día de Reyes oí aquello de «si Sus Majestades se han equivocado, siempre se puede descambiar el regalo». Y casi me da un parraque. Porque el verbo «descambiar» me hace daño en el tímpano. Lo siento. Me suena paleto a más no poder. Y en estas que estaba yo pensando en retomar mi blog sobre escritura y me dije: «qué gran idea: regreso el 8 de enero a los buenos hábitos desterrando el “des”».

Rauda y veloz, corrí hacia la RAE. La primera acepción del verbo «descambiar» dibujó una sonrisa de satisfacción en mi cara: «1. tr. Deshacer un cambio». ¡Yo tenía razón! «Descambiar» sería algo así como ir a la tienda de turno a cambiar lo que ya has cambiado.

Pero entonces mi grillo interior me dijo que mirase en la Fundeu, que siempre anda así como más pegada a los usos y costumbres de la calle. Y así fue como encontré que «descambiar es un verbo correcto». Y lo dice el Diccionario Panhispánico de Dudas (que, como Teruel, también existe). De hecho, este diccionario –cuyo uso recomiendo encarecidamente– me da un sopapo lingüístico respecto a «descambiar»:

También es válido su uso, frecuente en la lengua coloquial de España, con el sentido de ‘devolver una compra’, ya que, en definitiva, se trata de deshacer un cambio previo realizado en el momento de la adquisición, al entregar dinero a cambio del artículo.

Pues eso, amigos: cambien o descambien. Lo que ustedes prefieran. Pero, sobre todo, tengan paciencia en las colas de las cajas. Por experiencia les digo que se suelen perder los nervios.

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