El desafío independentista recupera el lenguaje bélico

«Las espadas están en alto». «Esta batalla se va a dar». «Todo un misil a la línea de flotación». «Trinchera de resistencia». «Ofensiva». «Arrasar». La «lógica de guerra» no es propiedad exclusiva del Gobierno –aunque no opinase igual Xavier Domenech, portavoz de En Comú Podem—, sino que se ha colado en los innumerables materiales informativos sobre la cuestión catalana hasta hacer de ella una cuestión bélica. Al menos por el lenguaje utilizado.

Hasta diez veces pronunció la palabra «batalla» el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en la entrevista publicada por El País el domingo 8 de octubre:

Tengan la seguridad de que esta batalla se va a dar y de que se va a ganar, porque es una batalla justa, es una batalla legal y es lo que quiere la inmensa mayoría de los españoles y lo que sentimos todos.

 

Yo lo que les diría es que esta es su batalla. Esta es la batalla de Europa. En el año 2012, en España se jugaba la batalla del euro. Y la ganamos los europeos. Ahora se juega la batalla de los valores europeos y también tenemos que ganarla. […] Por eso digo que esta es la batalla de Europa y que Europa tiene que ganar esta batalla como también ganó la del euro. […] Por tanto, esta es una batalla en la que los valores de Europa están en juego.

Cierto es que el DRAE, más allá de su primera acepción de «batalla» habla de «acción o conjunto de acciones ofensivas encaminadas a la obtención de un objetivo», incluso de «agitación o inquietud suscitada por un conflicto de ánimo». Y que explica que «dar la batalla» se utiliza con el sentido de «arrostrar las dificultades de un asunto». O sea que hablar de «batalla» no siempre es hablar de guerra, pero mire usted, a flores no huele. Evoca pólvora. Y, según los expertos en PNL (Programación Neurolingüística), las palabras activan nuestro sistema neuroquímico. O sea, que si hablamos de «batalla», nuestro ánimo no estará precisamente en paz.

Rajoy puede haber sido el más reiterativo –y seguramente no sin intención, porque la retórica no le es ajena–, pero no el único que ha calentado el ambiente con lenguaje bélico estas semanas. Ada Colau, tan gent de pau ella, ya sugirió que la propuesta de Mariano era «arrasar Cataluña». O sea, «echar por tierra, destruir», pues la definición de «allanar la superficie de algo» se queda aquí un poco pequeña.

Claro que aquí los periodistas hemos sido los más expertos en echar leña al fuego. Si lo hacemos con una simple crónica de fútbol –plagadas de términos y expresiones bélicas–, ¿cómo resistir la tentación de hacerlo en el «desafío independentista», término que ha puesto a muchos medios de acuerdo para definir la situación?

En El Español se calificaban unas declaraciones del presidente de la Eurocámara, Antonio Tajani, como «todo un misil a la línea de flotación del independentismo catalán» –ni en mis mejores tiempos de Hundir la flota– y en La Vanguardia se hablaba de «guerra de trincheras en el Parlament» –en este caso por alusiones a un miembro de JxSí y su mención a «posiciones de resistencia y de desgaste, como una guerra de trincheras». Tras leer esto, pensar en «ofensiva contra el referéndum», como publicó El Economista, es un juego de Scrabble manejado por niños.

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